Esto fue lo que aprendí al trabajar en Rimac Seguros, la compañía de seguros más grande del Perú:
A los 22 años entré por primera vez a trabajar en Rimac Seguros, la compañía de seguros más grande del Perú. No lo sabía entonces, pero esa etapa sería mucho más que un empleo: se convertiría en la base de todo lo que vendría después en mi vida profesional. Quince años más tarde, ese conocimiento sería el motor que me impulsaría a emprender como corredor de seguros.
Todo comenzó con un puesto de practicante en el área administrativa cuando trabaje en Rimac Seguros, una de las compañías más grandes del país. No tenía experiencia previa en seguros, y mucho menos sabía hacia dónde me llevaría ese camino. Lo único que tenía era entusiasmo por aprender. Un día, escuché que había una vacante en el área de suscripción de riesgos generales. Me hablaron de esta área como “el corazón” de la aseguradora, y aunque no entendía completamente qué significaba, decidí postular.
Con el tiempo, pasé de practicante a asistente, y luego a suscriptor dentro de RIMAC Seguros. Fue ahí donde realmente empecé a comprender la magnitud de lo que hacíamos. En suscripción se analizaban riesgos de gran escala: minas, hidroeléctricas, maquinaria pesada, grandes proyectos de infraestructura… activos de muchos millones que requerían un análisis técnico y profundo.
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Primera lección de como fue trabajar en Rimac Seguros : el conocimiento puede valer más que el sueldo
Recuerdo que, como muchos jóvenes, en ese momento mi principal preocupación era cuánto ganaba. Aunque el salario estaba por encima del promedio, no podía evitar pensar en cómo aumentar mis ingresos. No fue sino muchos años después que entendí lo que realmente me estaba llevando de mi paso por Rimac Seguros: conocimiento de alto valor.
Aprendí a leer y entender riesgos complejos, a identificar qué datos eran relevantes, cómo las aseguradoras toman decisiones, y lo más importante: cómo comunicarme con clientes que representaban a las empresas más grandes del país. Ese aprendizaje no tenía precio. En ese momento no lo veía, pero hoy, al mirar atrás, tengo claro que cada hora invertida valía mucho más que cualquier bono o aumento salarial que pude haber deseado entonces.
Esa etapa de trabajar en Rimac Seguros fue mi escuela. Una escuela donde me pagaban por aprender. Y aunque no lo supe valorar completamente en su momento, hoy me doy cuenta de que sin esa base, no estaría donde estoy ahora.
Segunda lección: la cultura de trabajo lo cambia todo
Trabajar en Rimac Seguros, una compañía con más de 2000 colaboradores, me expuso a un nivel de competencia interna muy alto. Personas con excelente formación, con experiencia, con actitud de crecimiento, y eso me motivó muchísimo. No se trataba de competir contra el otro, sino de superarme constantemente para estar a la altura del entorno.
Era común quedarse más allá del horario, no por obligación, sino por el deseo de terminar bien el trabajo o simplemente seguir aprendiendo. Muchas veces me quedaba conversando con gerentes que, generosamente, compartían sus experiencias conmigo. Esos momentos valían oro.
Ese entorno en RIMAC Seguros me inculcó una ética laboral que hoy sigue guiando cada cosa que hago. La cultura que respirábamos era clara: se trabaja bien, se aprende, se crece. Esa mentalidad me ayudó no solo a destacar dentro de la empresa, sino también en los trabajos posteriores donde la exigencia era menor, pero yo ya venía con una velocidad distinta.
Con el paso del tiempo, he visto a varios compañeros de esa época crecer y ocupar puestos clave en el sector. Y no es casualidad. Todos compartimos esa misma ética, ese mismo impulso de superación. Haber empezado mi carrera rodeado de ese tipo de profesionales fue, sin duda, una gran fortuna.
Tercera lección: nada reemplaza el contacto humano
En el área de suscripción de trabajar en Rimac Seguros teníamos acceso a muchísima información: estadísticas, formularios técnicos, reportes, siniestros históricos… Pero algo que descubrí rápidamente es que ninguna hoja de cálculo puede reemplazar una buena conversación.
Muchas veces llegaban proyectos que, en el papel, parecían inasegurables. Demasiado riesgo, demasiada exposición. Pero una reunión en persona con el cliente o el corredor persona nos daba el contexto necesario, las medidas de seguridad, la verdadera dimensión del proyecto… y todo cambiaba. Lo que inicialmente se rechazaba por falta de información podía ser reconsiderado tras una conversación clara y directa.
Esa lección me acompaña hasta hoy. En un mundo cada vez más digital, donde todo parece resolverse por WhatsApp o correo electrónico, sigo creyendo que nada reemplaza la conexión humana. Por eso siempre prefiero hablar con mis clientes, entender su necesidad en profundidad, y explicarles de manera directa sus opciones. Claro, la tecnología ayuda, pero no puede sustituir el valor de escucharse, de entenderse y de negociar en directo.
Incluso hoy, muchas de las decisiones importantes que tomamos como corredores de seguros se basan en cómo logramos comunicar los riesgos a las aseguradoras. Saber qué decir, cómo decirlo, qué detalles enfatizar, marca una gran diferencia. Y eso, también, lo aprendí en mis años en RIMAC Seguros.
Una experiencia que sigue rindiendo frutos gracias a Rimac Seguros
Mirando atrás, no solo me quedo con las lecciones técnicas, sino con todo lo que implica trabajar en Rimac Seguros. Aprendí a convivir con presión, a relacionarme con diferentes áreas, a colaborar con comerciales, con técnicos, con clientes exigentes. Aprendí también que el crecimiento profesional muchas veces no se da por casualidad, sino porque uno está en el entorno correcto, con la actitud adecuada y rodeado de las personas que te empujan hacia arriba.
También tuve la suerte de contar con jefes que confiaron en mí, que me delegaron tareas importantes desde muy temprano y me permitieron aprender haciendo. Esa confianza fue clave para acelerar mi desarrollo profesional y, eventualmente, sentirme listo para emprender.
Hoy, como corredor independiente, cada propuesta que presento, cada póliza que cotizo, cada cliente que atiendo, lleva un pedacito de todo lo que aprendí al trabajar en Rimac Seguros.
Es fácil subestimar las primeras etapas de una carrera. Es tentador mirar solo el sueldo o los beneficios. Pero lo que realmente construye una trayectoria sólida son las experiencias, los aprendizajes, las personas que conoces y los valores que desarrollas.
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